sábado, 17 de marzo de 2012

CAPÍTULO 1 - La tempestad-

Recoge eso que va a llover. El niño levanto la vista y miro a su madre con cierto desdén, sentado en el suelo con las piernas cruzadas, notaba el frio del piso en los muslos, pero no importaba.

Hacia discurrir canicas a través de pasadizos y trampas previamente construidos con las pinzas de tender.

La tarde era gris y barruntaba tormenta. Después del colegio no bajo a jugar como de costumbre.

Mama le preparo la merienda, pan, aceite y sal con un vaso de naranjada.

Desde el balcón podía sentirse la soledad en la calle, las tardes al final del otoño comenzaban a tornarse frías.

Mama entraba y salía del balcón recogiendo la ropa seca del tendedero, en previsión de que pudiera llover, coloco sobre la todavía humeda,un gran plástico que sujeto a la barandilla, con pinzas que sustrajo del fuerte de canicas de "vorin",el niño de nuevo, levanto la vista y miro a su madre.Esta vez visiblemente molesto.

Varias bolas escaparon por el boquete en la muralla del fuerte, aprovechando la pendiente en el piso se dirigieron hacia un pequeño desagüe en el centro del pretil.

Rápidamente intento rehacer la pista de pinzas, pero un estampido en el cielo sobrecogió al niño.

Se irguió sobre sus rodillas y temeroso miro hacia arriba entre los barrotes en forma de aspa.

El viento hacia girones la ropa sobre los alambres y sacudía el plástico que la cubría.

Dos persianas verdes de laminas de madera enrolladlas, se balanceaban amenazantes, colgadas del techo de la galería solo sujetas por los cordeles al pasamanos.

Voret recogió las canicas en un antiguo joyero de madera y en una bolsa de tela con cinta corrediza, guardo las pinzas.

Siempre tuvo la buena costumbre de recoger sus cosas antes de cambiar de tarea, se obsesionaba con la simetría de los objetos, su concepto de orden rayaba en lo enfermizo.

Era capaz de detectar la alteración en una secuencia por el establecida, con una simple mirada...síntomas preocupantes para una madurez tranquila.

El viento hacia que las gotas de agua se difuminaran en todas direcciones, las persianas balanceándose sobre su cabeza se golpeaban entre sí, una ráfaga arranco un par de pinzas y el plástico restallo con violencia.

Salvoret se puso en pie y lo sujeto por un extremo, el aire mezclado con agua salpicaba su cara.

Ensanchando la boca y entornando los ojos en un gesto de velocidad, intentaba controlar los cabos sueltos que iban apareciendo.

De pronto se encontró luchando por su vida entre las olas de un terrible mar, la "mayor “comenzaba a desgarrarse mientras el Génova solo era sujeto por un puño.

La escena fue reconocida inmediatamente por su mente de niño y fue feliz y eso quiso ser y dios sabe que muchas más veces intento revivir aquella situación y que nunca más lo consiguió. Lo mágico de un momento es como una foto fija, la historia de un instante. Puedes recordarlo, pero nunca más se repite.

La puerta de madera se abrió y asiendo al niño por la pechera, su madre lo arrastro al interior de la vivienda...ahí término la aventura de ese día.

Quizás por la experiencia vivida, por la simetría de las cosas o simplemente porque la vida es muy puta...hacía meses que vivía en un barco, un pequeño velero tipo ingles de dieciséis metros con casco de madera.

Ocupaba un amarre en un canal de pescadores donde el precio no resultaba prohibitivo, de ser el sueño de su vida, aquel barco se convirtió en su hogar.

¿Como llego a esa situación?, ni se sabe...una separación, una enfermedad, un accidente, un giro inesperado, qué más da.

Sentado en la pequeña camareta bajo el puente, cenaba en solitario, alubias con tomate, pan y vino de botella con tapón de plastico.De postre plátano y melocotón en rodajas con azúcar y mistela.

El asiento concebido como litera, facilitaba el poder recostarse allí mismo si las condiciones del usuario tras la cena no fueran las más propicias para alcanzar el dormitorio que se encontraba en proa.

La mesa, atornillada al piso, podía plegarse para permitir el paso, desde el puente se accedía por una escalerilla de madera a través de una trampilla.

Al otro costado de la estancia, otra litera. Sobre ella una estantería bordeada por una diminuta balaustrada para sujetar lo que se depositara sobre ella. A cada lado, dos portillos alargados, daban luz natural al interior.

Tras un medio mamparo, se escondía la cocinilla, compuesta por un foguer de butano, un microondas, una pequeña nevera y una diminuta lavadora de carga superior, un fregadero de aluminio y poco más.

Por el centro de la cocina, pasaba el palo de la mayor que había que sortear para llegar al servicio. Un micro espacio estratégicamente dispuesto tras otro medio mamparo. Al fondo un espacioso dormitorio ocupando toda la proa, cada espacio habilmemente separado por unas cortinas de cretona muy chulas de un rojo intenso, tres apliques ovalados con rejilla a lo largo del techo iluminaban el espacio. Mientras cenaba escuchaba en la radio un programa de actualidad. Normalmente Salvador sintonizaba emisoras que se acomodasen a sus ideas, bastantes problemas tenía como para que le llevasen la contraria, en el paro, sin dinero, tarde para cambiar, sin expectativas y enfermo, muy enfermo de odios, manías y rencores, que convertían las madrugadas en un infierno.

Se convocaban manifestaciones por todo el mundo en protesta por la degradación del planeta... -El planeta podía reventar esta misma noche, pensó Voro. "El dolor de uno, es un universo en sí mismo".

Se sintió mal y no quiso ser egoísta, pidió perdón para sí y suplico reventar el solo, que para el caso era lo mismo.

La radio, un transistor ''vanguard'' tamaño ladrillo forrado de cuero marrón, convocaba a la población a acudir al parking de un conocido centro comercial, simultáneamente con otras ciudades del mundo, se realizarían actos pro energías limpias, sostenibles y alternativas. Patrocinadas por empresas del sector directamente interesadas, Salvador sonrió socarronamente.

La actividad de las ciudades, hace mucho tiempo ya que fue desplazada a núcleos en el extrarradio, ofreciendo todo tipo de ocio y consumismo, pudiendo tener acomodo en estos lugares familias enteras, jóvenes, ancianos, puteros, etc, hasta el punto de llegar a convertir los accesos en burdeles a cielo abierto. Salvador mantenía una teoria,"concentrar la mayor cantidad de gente, el mayor tiempo posible en el mismo lugar", no era casualidad y tendría consecuencias. Estos cambios en las costumbres, abocaron a los barrios al abandono, la marginalidad y el sálvese quien pueda.

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